Sin Internet

por Lili en Ene 17th, 2017

niños jugando bolitas

Por Cote Herrera:

Me acuerdo años atrás cuando iba a la playa con mis abuelitos, no existía si quiera un teléfono cercano a nosotros donde podíamos hablar a la casa. Me acuerdo que con suerte una vez a la semana llamábamos a mi mama a Santiago para avisarle que estábamos bien, que habíamos comido barquillos, que nos habíamos bañado en el mar, etc. Me acuerdo también que las fotos se sacaban con esas cámaras que sonaban click y había que correr el rollo manualmente, me acuerdo cuando quedábamos en juntarnos en la tarde solo decíamos una hora y ahí llegábamos, o sea no había manera de cancelar? Cambiar la hora? Lugar?

Hoy tenemos todo esto y más en un solo aparatito llamado Smartphone que anda en nuestras carteras o bolsillos, un simple aparato que además de controlarnos la vida, nos permite sentirnos acompañados en tantos lugares!!! Quien me dice que no va hasta el baño con el teléfono??

Es verdad que nos hace la vida fácil en muchos aspectos, pero que pasó con el contacto con la otra persona? Me refiero a cuantas no les ha pasado que hasta en la mesa del lado están comiendo con el teléfono en la mano, que miras como las mamás en vez de ver como juegan sus hijos están más preocupadas de la selfie y de una cara bonita del hijo en cuestión para poner en Facebook o Instagram.

El otro día rompí mi teléfono y me di cuenta de la necesidad y angustia que sentía al estar incomunicada, cáchate la palabra “incomunicada” cuando la verdad creo que me dejó comunicarme mucho mejor sin el teléfono. De partida en la mesa conversé con Diego, a pesar de sentir ese bichito por creerme fotógrafa y estar escuchando en mi imaginación ese pitito que me dice que me llegó un Whatsapp, segundo como además de no tener teléfono no tenía internet, no me quedó de otra que inventar cosas que hacer mientras antes poníamos la tele. Así que, sin más, le leí Papelucho y hasta actuamos los capítulos, logramos cocinar juntos, salir a pasear en la bicicleta y al final del día darme cuenta que pierdo gran parte de la vida de Diego por estar pendiente del celular.

Insisto, es una gran herramienta, pero a la vez siento que me tiene súper encadenada. Después de una semana de dudar hasta de si arreglaba mi teléfono decidí hacerme un horario, un horario que le da la importancia a Diego y a la gente que está a mi alrededor, es más ahora por estar escribiendo esto Diego pesco el papel higiénico y lo metió todo a la taza del WC ja ja ja nada que hacer, cosas que no cambian, los niños necesitan atención 24/7.

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