Recordando el verano y los buenos momentos

por Manana en Mar 17th, 2014

verano

Este verano fue pura playa. Y como el año pasado hicimos algo similar (nos fuimos a Reñaca y después a Playa Blanca, este año cambiamos está última por Morrillos) puedo hacer varios paralelos en mi experiencia con Pedro.

Primero, que es increíble lo rápido que crecen los niños. De un año a otro Pedro pasó a ser un niño, uno que acompaña, conversa, observa y opina. El año pasado aún tenía que estar tras él porque se perdía o porque me necesitaba muy pegada a él, pero ahora pude disfrutar de horas jugando en la playa (si, horas!), viendo monitos, instalados en la terraza o saliendo a caminar. Claro, tiene 2 años 8 meses, se cansa más rápido que yo, se aburre después de un rato con el mismo juguete o no puede soportar no bañarse en el mar aunque haga frío, pero pasó a ser un integrante más de nuestras vacaciones, y no una guagua.

Está súper conversador, entonces todo le llama la atención, y me atrevería a decir que gran parte del día estamos sosteniendo un diálogo con él. Cuando no tiene por qué más preguntar, simplemente mete otro tema nuevo y se larga como un loro.

Me di cuenta que simplifiqué harto mi día a día. No le llevé comida especial, come lo mismo que nosotros, sentado en la mesa, en nuestros horarios y adecuando los tiempos a vacaciones, más relajados, acostándonos más tarde y quedándonos con pijama hasta el mediodía.

Es mucho más autónomo que hace un año atrás. Ahora me ayuda a vestirse, ordena sus juguetes, llevaba sus palitas a la playa él mismo (lo que ayuda mucho porque yo siempre iba cargada como un equeco con bolsos, toallas, quitasol y demases) y cumple muchas más órdenes que antes, es un niño obediente.

Lo que más me dio gusto es lo feliz que estaba Pedro. Se le notaba, en su carita, en su entusiasmo, andaba cariñoso y súper libre corriendo por la playa a sus anchas. Nos decía que nos quería mucho y que quería quedarse “otro poquitito más” en la playa. Entendió que eran vacaciones, y les sacó el jugo.

Y eso, para mí, no tiene precio. Un verano más, con un cachorro cada día más grande y feliz.

 

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