Niños mordedores: qué hacer!

por Manana en Sep 6th, 2016

niño mordedor

Escribo esto porque me parece súper útil orientar a aquellas mamás que viven el flagelo de que sus niños sean mordedores, o bien sus hijos hayan sido “víctimas” de una mordida de un compañerito.

Cuando recién escuché que hay una etapa en que los niños se ponen mordedores me asusté; lo encontré lo más cercano al canibalismo! Y para mi suerte, Pedri nunca fue de morder, no le daba nervio, no peleaba ni jugaba con esa costumbre, y por suerte sólo en una ocasión llegó con un cachete morado, producto de una mordida de un compañerito de jardín.

Y el tema no es menor. Puede ser súper traumático para una mamá que le digan que su hijo muerde a otro, aunque sea mucho más habitual de lo que uno cree.

Cuando entran al colegio este tema va pasando, pero en la etapa sala cuna y jardín es donde más se da. Es muy probable que la gran mayoría de los niños haya mordido a alguien alguna vez o lo hayan mordido a él, sobre todo cuando están en grupos con muchos niños jugando.

Según los especialistas, los niños muerden si no son capaces de manejar una situación o si se paralizan por miedo, enojo o frustración. También lo hacen como defensa, sobre todo si han recibido una mordida previa. En esta etapa pre-escolar, los mordiscos se suelen producir en una pelea, generalmente en el contexto de la necesidad de defenderse.

Cambios importantes en la casa también pueden desencadenar conductas que tienden a verse agresivas, como son éstas. En otras ocasiones, los niños sólo muerden por curiosidad, o porque están muy hiperventilados.

Como sea, es una verdadera lata; puedes ganarte un tremendo problema con los papás del “mordedor” que, con justa razón, se sienten agredidos con esta reacción.

Cuando mordieron a mi Pedri no hice nada, sólo pregunté a las guías del jardín qué había pasado y cómo evitarlo, y de hecho no quisieron decirme quién era, por políticas del jardín, para no estigmatizar al niño. Me pareció justo y ni siquiera pregunté.

Pero lo importante acá es el porqué de estas conductas para desmitificar temas: los niños no quieren hacer daño ni atacar. Están jugando, explorando y conociendo, y en ese contexto, hay cosas que se les escapan de su control. Comprender qué hay detrás de su comportamiento es el paso más eficaz para detener este tema.

 

¿Qué hacer?

– Asegurarse de que ambos niños estén bien y no vuelvan a morderse.

– Mantener la calma y no retar con dureza. Hay que explicar de la manera más sencilla y directa que morder duele y que no se hace.

– Ayudar a los dos niños, no sólo al que recibió el mordisco. Aunque lo natural es tender a ayudar al que podría estar “dañado”, el otro también lo está pasando mal, está asustado por lo que hizo, aunque se muestre indiferente. No hay que ser indiferentes frente a él, para no generar más frustración o enojo.

– Conversarlo cuando haya pasado, no dejarlo pasar. Es bueno, ya más tranquilo, hablar con tu cachorro y preguntarle el por qué, buscar soluciones distintas para demostrar enojos o hablar con un adulto si es que le está molestando una determinada conducta del compañero. Quizás de esa manera se puede evitar llegar a ese límite.

– Evitar que llegue a ese límite, cambiándole la atención cuando empieza a pasarse de revoluciones, parándolo cuando está listo para morder a otro niño, no perdiendo el control cuando sientes que él está en actitud de defensa. En el fondo, tratando de tener empatía con él, entendiendo que no se le está haciendo fácil expresar una emoción y que tú eres la más indicada para ayudarlo a sobrellevarlo.

– Nunca muerdas a tu hijo. Ni para mostrarles que duele ni para jugar o “por nervio”, lo único que puedes conseguir con eso es mostrarle una forma equivocada de manejar la agresión. Como bien sabemos, y por Dios que le hace falta entender a muchos padres, enseñarles a nuestros hijos a que “agresión se soluciona con agresión”, es la manera más rápida de llevarlos a que sean potenciales agresores en su adultez.

– Darle algo para que muerda. A veces lo único que quiere es clavar sus dientecitos en algo, por lo que es una buena manera de descartarlo, simple y que además los ayuda a la picazón de encías y al control de sus impulsos, a modo de juego de relajación.

No hay nada más desagradable que pasar por esta etapa, pero lo importante es entender que somos nosotros los más capacitados (o al menos más que nuestros cachorros) en educar, enseñar con amor, con paciencia y con sencillez que las acciones tienen un efecto, y la idea es evitar que esos efectos le hagan daño a otros.

 

Fuente: Babycenter

 

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