Mamá invitada Fernanda Campomanes: ¿Cuándo se empieza a ser mamá?

por Lili en Jun 1st, 2012

 

Les quiero presentar a Fernanda, nuestra primera mamá invitada a Cachorro Furioso, quién ha querido compartir su linda experiencia con nosotros. Está esperando a Lucas, tiene cinco meses y como todas, está pasando por esta increíble etapa de la vida.

Tengo 31 años, soy la menor de 4 hermanos y desde los 13 que estoy rodeada de niños… como no, si con 3 hermanos mayores los sobrinos llegaron rápidamente. Siempre he sido súper guaguatera, me tiro al piso a jugar con ellos, me los dejan el fin de semana y, en cierto modo, creo que soy la tía regalona. Me sentía más que preparada para, después de un año de matrimonio, agrandar mi familia.

Luego de 5 meses de intentarlo ¡Recibí mi regalo navideño!, un pequeño saltamontes crecía dentro de mí (así es, mi Lucas ya tiene 24 semanas de gestación y lo esperamos para el 11 de Septiembre…ufff que fecha!).

Debo admitir que los primeros meses casi fueron un mero trámite: tomar el ácido fólico, consumir muuucha leche, no hacer grandes esfuerzos y comer sanito. Además de que me sentía súper bien y ultra regaloneada por mi marido, suegros, papás, hermanos y amigos. Pero la verdad, es que no me sentía tan distinta de cómo era yo antes que quedar embarazada.

Con el pasar de los días, y sin entenderlo mucho, mi humor cambió, mi cuerpo cambió, salir a carretear me daba mucho sueño y para qué decir de ese atractivo piso sour que me decía “tómame, tómame” cada vez que salía y que tenía que desviar la vista hacia un rico juguito natural (no es por desmerecer al jugo, pero hay veces en que un rico pisco sour nos ayuda a olvidar los malos ratos del día y poder pasarlo mejor).

Lo peor de todo era tener que sonreír forzadamente cada vez que las tías y abuelas decían que estar embarazada era lo mejor de la vida, que es cuando el ser mujer cobra sentido, que andas radiante y que incluso el pelo se te pone más bonito… nada. ¡Ni en el metro me daban el asiento!

Me creí tan mala madre por sentirme de esa manera. No es que no quisiera a mi pequeño, pero no es fácil asimilar todos esos cambios en tan poco tiempo y seguir con tu rutina en la pega, en la casa, con el marido, como hija, amiga y nuera.

Pero afortunadamente el tiempo pasó, aún recuerdo ese 16 de abril cuando sentí por primera vez a mi cachorro moverse… todo comenzó a tomar sentido.

Recién ahí entendí realmente que yo ya no era yo, sino una persona diferente… soy la versión mejorada de la Feña que antes conocía. Ya no ando sola por la calle, hablo con mi Lucas siempre y siento que me entiende y que se ríe de las cosas que le digo, que me contesta a mis dudas de cómo lo estoy haciendo como mamá con cada patadita que me hace sentir.

No sé muy bien cuando una empieza a ser mamá, pero lo que aprendí es que es un proceso de nunca acabar y que día a día, de alguna manera, nuestros pequeños nos van a ayudar a indicarnos el camino que debemos seguir para ser la mejor mamá que podamos ser.

 

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