Mamá Invitada Carla Scheggia: 10 DIFERENCIAS ENTRE LA PRIMERA Y LA SEGUNDA GUAGUA

por Manana en Abr 27th, 2015

mama y sus hijos

En enero pasado fui mama por segunda vez de un niñoprecioso y sanito llamado Manuel. Mi hijo mayor, Vicente, tiene 4 años y debo decir que la experiencia de criar ha sido completamente diferente entre ambos. Cuando tuve a Manuel una amiga me dijo algo muy cierto “cada hijo tiene una mamá distinta” y estoy completamente de acuerdo. La mamá de Manuel es completamente diferente a la primeriza e inexperta mamá de Vicente. Por eso y para compartir mi experiencia con ustedes, -y estoy segura que las mamás con más de un hijo se sentirán identificadas-, es que decidí hacer una lista de las 10 cosas que son diferentes entre la primera y segunda guagua:

1. El Parto: Mis dos partos fueron maravillosos. Tranquilos, sin complicaciones gracias a Dios, y rápidos. Pero debo decir -y en esto Fito (mi marido) está de acuerdo-, que la segunda vez uno sabe a lo que va y está más consciente. Fue igual de lindo que el primero pero logramos conectarnos más con el momento porque sabíamos cual sería el guión, es decir sabíamos qué iba a pasar, y eso nos hizo que ambos pudiéramos vivirlo más a concho.

2. Las visitas en la clínica: Este es un ítem delicado, pero con Vicente me acuerdo que fue mucha gente a vernos y como tenía las hormonas por las nubes, no encontré nada mejor que estar los 3 días acostada con la guagua metida en mi cama. Me pasó que no quería que nadie lo tomara y ese fue mi mecanismo de defensa. Para qué hablar de las visitas que iban con niños… Atroz! Pensaba que iban a contagiar al pequeño, y si a eso le sumábamos los gritos y el desorden, me quería morir. Pobre Fito que tenía que aguantar todas mis caras largas! En cambio con Manuel me pasó todo lo contrario. Muchos amigos nos fueron a ver con sus hijos, y como estaba Vicente dando vueltas, la pieza parecía cumpleaños de mono… Pero yo feliz, y Manuel, tan relajado como es, estaba igual de tranqui que yo.

3. La llegada a casa: Si bien mis niños son de estaciones diferentes -Vicente nació en primavera y Manuel en verano- con la segunda guagua fue todo mucho más natural y relajado. Cuando nació el primero llegamos a la casa y tenía que estar todo en silencio, la temperatura de la pieza bien controlada, todo limpio pasado a alcohol gel y las visitas más que chequeadas por si estaban enfermas. Con Manuel llegamos tranquilos a la casa, cero preocupados del ruido y las visitas, e incluso esa misma noche pedimos sushi (ese que me encanta y no pude comer por meses!) para celebrar.

4. El rito nocturno: Con el primer hijo el rito de dar una pechuga, después sacar chanchitos, de ahí mudar, dar la otra pechuga y volver a mudar porque se hizo de nuevo, era imperdonable. Al final nos pasábamos la mitad de la noche en esa tarea. Con Manuel si toma una pechuga y no se hace, no me complico y rápidamente aprovechamos y seguimos todos durmiendo. Para qué hablar de sacar chanchitos… En ese ítem estoy reprobada con creces… Creo que lo he hecho dos veces en estos tres meses –bueno básicamente porque se le salen solos-.

5. Amamantar: Me acuerdo que con Vicente tenía que hacerlo en un lugar tranquilo, callado y sin “público”. Me estresaba la hora de la papa así que tenía que estar lo más sola posible. Resultado: nefasto, no me ayudó en nada la técnica, porque a los pocos meses Vicente dejó de tomar y se me cortó la leche. Con mi segunda guagua ha sido todo más natural. No es que ande mostrando la pechuga a todo el mundo, pero si estoy con amigos o familiares no me escondo, sino que me cubro lo suficiente para yo sentirme cómoda, para que al resto no le parezca raro y para que Manuel pueda estar piola. Hasta el momento vamos bien y llevamos tres meses de lactancia exclusiva, algo impensado con Vicente. Conclusión: No le transmito ansiedad ni preocupación, y todo fluye mejor.

6. Las enfermedades: Gracias a Dios Manuel no se ha enfermado, pero intuyo que sabremos qué hacer cuando llegue el momento. Vicente fue súper enfermizo porque desde chico lo mandamos a la sala cuna, por lo que se agarró cuanto bicho hay y la urgencia se convirtió en nuestro segundo hogar. Por lo mismo tenemos un amplio y nutrido botiquín, así que estamos preparados y sabremos más menos que hacer cuando Manuel se enferme.

7. El bolso: Cuando llevamos a Vicente al control de la primera semana, en su bolso llevé un paquete de pañales… Sí, un paquete completo! Para qué? No tengo idea. Pero además llevaba mil piluchos manga larga, manga corta, patitas, calcetines y un largo etc. Resultado: un bolso gigante que con el tiempo se rompió. Hoy uso una mochila-cartera muy estilosa que me regalaron mis amigas de la U donde llevo lo justo y lo necesario. Lo mejor es que ya no parezco equeco (o por lo menos no tanto!)

8. Dejarlo: La primera vez que salí sin Vicente sentí que se me iba la vida. Que podía necesitarme tanto que no iba a parar de llorar. Casi muero de la pena! Pero con Manuel fue más natural… Si bien salí sólo un ratito y lo dejé con mi nana, me sirvió para despejarme y cuando volví nada había pasado y el gordito estaba feliz.

9. El baño: Me atreví a bañar sola a Vicente cuando recién tenía 4 meses. Me estresaba con la temperatura del agua, la mallita para sostenerlo, cómo agarrarlo, que no se fuera a ahogar, además de tener el shampoo, el jabón, las toallas, la crema, la temperatura adecuada de la pieza y del baño… En fin, con mil cosas. En cambio ahora soy toda una experta y con Manuel lo disfrutamos a concho, a veces nos demoramos más, otras menos, pero siempre lo pasamos bien.

10. El sueño: Como me gusta dormir! Pero desde que nació Vicente nunca más pude hacerlo a “pata suelta” como me gustaba. Y desde que llegó Manuel no es que ande con el doble de sueño, al contrario, estoy tan acostumbrada a dormir poco y a despertar temprano que esta vez no fue tan terrible como sí lo fue con Vicente. El cuerpo ya sabe.

Como conclusión, en estos tres meses he aprendido a ser otra mamá. Me reconozco más relajada y con más experiencia. Ahora entiendo a muchas mujeres que dicen que del tercer hijo en adelante se crían solos… Como no! Si la tarea va cambiando, y por lo menos en mi caso ha sido diferente y más relax. Lo que sí no cambia, pero se multiplica por millones, es el amor que uno siente por los hijos… Vicente y Manuel son mi vida, y el amor que tengo para entregarles es de la misma mamá loca por sus cachorros!

 

 

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