Mamá invitada Asunción Martínez: Supermamás, luchando contra la culpa

por Lili en Jul 20th, 2012

Cuando eres mamá, cada etapa del desarrollo de tu hijo(a) hace que se detenga el tiempo y  que no exista nada ni nadie más importante que eso que estás viviendo. Pero cuando eres mamá de cuatro niños menores de 4 años, todo parece intensificarse y las 24 horas del día simplemente no alcanzan para poder disfrutar ese momento como único e irrepetible…

Mis hijos son cuatro niños maravillosos, alegres, regalones, gozadores, intensos y traviesos… ¡niños sanos!

La mayor tiene 4 años y se llama Olivia; es una niña divertida, mimada, inteligente y curiosa, que todo lo cuestiona y que de a poquito me ha ido marcando la pauta para ser una mamá analizadora y relajada, pero preocupada de desarrollar sus talentos e intereses…

Mis tres hijos menores  (de dos años) son –desde el momento mismo de su concepción-  una verdadera sorpresa. Son trillizos gemelares univitelinos; es decir, un sólo óvulo fecundado que al momento de implantarse se multiplicó por tres. Esa especie de Big Bang en mi útero se transformó en tres crespitos rubios que aunque parecen superficialmente idénticos, son como el agua y el aceite. Cada uno tiene sus rasgos definidos, sus gustos, sus ideas y cuando se combinan…. ¡uf! Hacen que esta mamá que se creía tranquila y reflexiva se transforme en un especie de robotina multiservicio que corre, escala, salta, grita, transpira, y que sólo cuando logra acostarlos a dormir, se da cuenta de que no pudo más que sobrevivir al día.

Y es ahí cuando llega la peor y más inoportuna visita de todas: la Sra. Culpa. Esa que te hace cuestionarte a cada rato si lo que hiciste lo hiciste bien… o qué hubiese pasado si hubieras reaccionado diferente… o si has sido buena mamá… o si eres justa con tus tiempos entre un hijo y el otro… etc. etc. etc.

Pero he aquí el mejor consejo de todos: con el lento e intenso crecimiento de estos cuatro pequeñines, lo que sin duda he aprendido es que no hay fórmulas a seguir, ni cánones buenos o malos…sólo que verlos felices, que recibir sus abrazo o besos y que acostarse tan cansada que  te duela hasta la punta del pelo,  es el mejor premio de todos. Es ese amor incondicional que te hace sacar fuerzas desde lo más profundo y así poder echar por la puerta ancha a la peor invitada de todas: a la Sra. Culpa…  aunque uno a veces crea que está metiendo profundamente la pata.

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