¿Mamá cuándo dejé de ser guagua?

por Manana en Nov 25th, 2015

de guagua a niño

El otro día leí un extracto de un libro que en un párrafo decía lo siguiente: “no me había percatado que al subir tantas cuestas nos habíamos situado en una elevación privilegiada. A veces, en la vida pasa lo mismo: la dificultad de la pendiente te hace olvidar que no paras de progresar y subir”.

Me hizo tanto sentido para la época que estoy viviendo en estos años, donde la crianza, la pega, la validación profesional y el tiempo con la familia son claves para levantar los cimientos de lo que será más adelante. Y obviamente ese camino es empinado, y ahí es bueno recordar esa frase. Si te das cuenta que vas subiendo y progresando, la tarea se hace más gratificante.

Es increíble mirar para atrás y darse cuenta de todo lo que uno avanza en el tema de la maternidad. Como tengo sólo un hijo, no tengo punto de comparación con la crianza (más allá de mis amigas y familiares), entonces sólo puedo compararme con mis inicios en este desafiante mundo de ser mamá.

Me acordé de lo maneada que era al principio, me acordé de la adaptación al cansancio, a las semanas durmiendo mal, a la vuelta a la “libertad” cuando dejé de dar papa, al retorno al trabajo y toda la logística emocional y práctica que eso significó, a las carteras grandes, las idas de madrugada a la Urgencia por fiebres altas, las salidas aunque sea a la esquina cargada como ekeko, retomar mi cuerpo, mi pelo alisado, mi vida, y todo eso sin dejar de criar a este maravilloso cachorro.

Quise escribir esto porque el otro día Pedri me preguntó: “¿Mamá, cuánto tiempo me demoré en dejar de ser guagua? Porque ahora soy un niño mediano”. Bueno, en primer lugar casi lloro de la emoción y el corazón se me hinchó como ocho veces más su tamaño. Y cuando pasó ese espasmo de amor, me costó mucho responderle esa pregunta. Él ya no se siente guagua, pero para mí va a ser la guagua de mi corazón para siempre. Él dice que es mediano porque yo le enseñé eso, que no es niño chico, tampoco grande, pero sí mediano. Fue una negociación que hicimos para definir sus derechos y deberes. Los niños grandes pueden hacer ciertas cosas que él no, y a su vez los niños chicos tienen menos libertades que él.

¿Pero cuándo pasó de ser guagua a niño?

Para mí, desde que es mi compañero. Desde que es más autónomo, me inventa temas de conversación, me cuenta sus sueños, me cuenta chistes, toma decisiones, me propone panoramas. En el fondo, desde que dejó de ser tan guagua para pasar a ser más persona.

Y entonces miro para atrás, y veo que la pendiente de criar a una guagua que se está convirtiendo en niño fue tan empinada a ratos, que no me permitió disfrutar esta transición que ahora veo con tanto amor. Mi propio Pedri, con esa pregunta inocente y ávida de respuestas, me mostró lo que llevamos recorrido. Es rico pararse en esa elevación privilegiada y mirar para atrás el camino. Y es más rico todavía poder compartirlo.

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