Ingreso al colegio, ¿Quiénes son los que realmente postulan?

por Lili en Feb 27th, 2018

 

 

Por Constanza Pérez Tiska, sicóloga de la Universidad Diego Portales.

Querámoslo o no, la pregunta ¿a qué colegio postularás a tu hijo?, dejó de ser trivial y se ha convertido para muchas familias en un verdadero stress. Los niños postulan cada vez a edades más tempranas e ingresan así a un “ingrato” sistema de selección. Podemos tener distintas opiniones y visiones respecto a este tema que es tremendamente contingente y polémico; pero si en algo estaremos de acuerdo todos quienes somos padres, es en que queremos lo mejor para nuestros hijos.

¿Pero qué es realmente lo “mejor”? Algunos padres pensarán rápidamente en el éxito académico que luego se traducirá, por ejemplo, en éxito laboral. Otros en cambio, pensarán en niños seguros de sí mismos, alegres, que mantengan una relación de respecto con el medio ambiente y un largo etcétera.  Si bien no se trata de aspectos contradictorios, por lo general hay uno que prima sobre el otro.

¿Son realmente los niños quienes postulan?, ¿qué lugar ocupan las expectativas de los padres, sus sueños o incluso sus frustraciones? Al momento de pensar en un colegio para nuestros hijos aparecen factores tan diversos como familias hay; excelencia académica, deportistas destacados, tradición familiar, o simplemente cercanía con la casa. Entre todas las variables que se consideran al momento de enfrentarse a esta decisión, tal vez sería importante detenernos un momento y pensar en primer lugar en el niño que tenemos en frente. Pensar en sus gustos, en sus habilidades, en sus intereses y en sus debilidades.

El solo hecho de detenernos como padres a pensar en ese niño real es ya un gran ejercicio. Cuando los niños son pequeños, e incluso desde el embarazo, los padres – y en especial la madre- comienzan a relacionarse con un niño fantaseado y que puede ser “peligrosamente” perfecto. Luego conocemos a este niño que llora sin parar, que no es tan parecido a la mamá como esperábamos, que le cuesta aprender los colores, pero que es único y ¡al que queremos mucho más de lo que alguna vez imaginamos!

Como padres nos enfrentamos así a un primer e inevitable “duelo”, que tiene que ver con dejar atrás a ese niño “ideal” y comenzar a construir una relación con este niño “real”. Desprendernos de las expectativas no es tarea fácil y a algunos padres les costará más que a otros; y la instancia de evaluación por parte de terceros, como ocurre en la postulación a la mayoría de los colegios, remueve nuevamente todas estas fantasías.

La invitación es por lo tanto a pensar primero que todo en ese niño que tenemos en frente. Antes de comenzar a “googlear” ranking SIMCE y PSU tal vez sería mejor tener una profunda y sincera conversación en la que como padres proyectemos a nuestro hijo, conversar acerca de los ideales que nos identifican como familia, identificar nuestro sello y tener expectativas reales acerca de lo que podemos esperar de un colegio. Poner en palabras – incluso escribirlo podría ser una buena estrategia- todas las virtudes, habilidades y debilidades de nuestro hijo; identificar qué cosas lo hacen feliz, sus aptitudes y los que serían constructivos desafíos. Descubrir en conjunto quién es y qué queremos para el futuro de esa personita que tenemos en frente; identificar los valores que nos parecen fundamentales y qué tipo de herramientas queremos entregarle para el futuro.

Una vez que logremos esto, tal vez sería un buen momento de comenzar a buscar “proyectos educativos” que realmente nos hagan sentido; ya que un colegio es mucho más que un puesto en determinado ranking.

Si tenemos claridad respecto a quién es nuestro hijo, qué podemos esperar de él y cuánto podremos exigirle, probablemente la tarea de escoger un colegio se vuelva más amigable y menos estresante. Puede ser muy fácil perder el “norte” por unos momentos, y caer sin darnos cuenta en una competitividad entre la que nuestro hijo pasa a segundo plano.

Al momento de enfrentarnos a la postulación será inevitable sentir algo de ansiedad, pero lo importante es que no la transmitamos a nuestros hijos, y para esto debemos estar totalmente convencidos de que, si bien se trata de una instancia importante, siempre existirán otras opciones. Como padres podemos estar tremendamente ilusionados con un determinado colegio, ya que nos parece que cumple todas nuestras expectativas, sin embargo, puede que las características de nuestro hijo no se ajusten con el “perfil”. Es ahí cuando se juega en los padres la verdadera humildad y a la vez el verdadero privilegio de ser padres de un ser único e irrepetible.

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