Accidentes domésticos: no todo está en nuestras manos

por Manana en Ene 19th, 2017

FullSizeRender (7)

Hace unas semanas atrás, Pedri tuvo un accidente complicado en la casa. Jugando a la pelota en el living (actividad que hace el 90% de su tiempo) chocó con el canto de una muralla y se hizo un corte muy profundo y largo en la mitad de la frente.

Quedó la escoba a nivel familiar, tanto Felipe como yo estábamos en la oficina, por lo que no les explico la angustia del recorrido desde mi pega a la casa, con mi nana completamente desesperada tratando de pararle la sangre y de calmarlo, porque el golpe fue muy fuerte. Llegamos en muy poco tiempo a la clínica y ahí en adelante todo es difícil y angustioso, exámenes de cabeza, anestesia, llanto, doctores, muchos stress.

Finalmente le hicieron cirugía plástica y gracias a Dios la cabeza estaba intacta. Quedó una marca que la llevará para toda la vida, pero con la cirugía supongo que la cicatriz se irá borrando año a año. La doctora me explicaba que la cabeza crece pero la cicatriz no, por lo tanto debería ir viéndose cada vez más chica con el paso del tiempo. A pesar de eso, por suerte quedó en un gran susto, y no en un drama mayor.

Después de todo el trauma me vino un agote gigante, me daba pena, lloraba sola en la noche, siento que tuve stress post traumático y me hago auto bullying porque el que se accidentó fue Pedro no yo!! Pero la tensión de ver a tu hijo así, lleno de sangre, correr angustiada por las calles, el susto de creer que podía haber sido peor, y lo frágil que son los niños (y todos en verdad) de llegar a hacerse tal nivel de herida jugando en la casa, se supone, su lugar más seguro… todo eso me vino como golpe los días siguientes y quedé asustada. Porque claro, uno piensa en cómo podría evitar estas situaciones, y en verdad es imposible.

Acá no hay culpables ni responsables (se lo reforcé harto a mi nana que se sentía podrida); yo no puedo forrar mi casa de goma eva para que no haya choques traumáticos; los niños se caen, se pegan, se hacen heridas, se quebran los huesos. Uno obviamente tiene que tomar los resguardos (tener un botiquín actualizado en la casa, hablar con la persona que lo cuida del protocolo a seguir “en caso de”, tener claro a qué servicio de urgencia acudir, tener redes con los vecinos, etc.), pero mi reflexión posterior fue no sentirme culpable por un accidente doméstico que podría haberse evitado, y no enganchar con la gente que me decía “es que cómo está jugando futbol adentro de la casa”. O sea, quién no tiró pelotazos y quebró cosas en su casa alguna vez! Quién no iba corriendo y chocó con una muralla y se rompió la cabeza! Quién no iba en bici a toda velocidad, perdió el control, se cayó y se quebró entero!

Los niños son niños. Los adultos pasamos por todo eso, algunos más otros menos. Debemos tomar precauciones, pero no debemos sentirnos omnipotentes frente a los acontecimientos de la vida.

Así como Pedri tuvo este feroz choque con la muralla, va a caerse mil y una vez, le va a doler, vamos a pasar por Urgencia bastantes veces más, y van quedando cicatrices que, tal como le decía a Pedri para subirle el ánimo “son heridas del futbol, todos los jugadores las tienen”.

Y mi balance: que como en casi todas las situaciones difíciles, Pedro logró salir estoico. Le da lo mismo andar con un parche en la frente todo el verano, con gorro las 24 horas del día aunque hayan 37 grados a la sombra, se siente importante por tener una marca de futbolista, y asumió con mucha calma que no podía pegarle cabezazos a las pelotas por un buen rato, ni tirarse piqueros al agua en pleno verano. En verdad no amargarse con eso habla de un niño delicioso y con capacidad de adaptación.

Así es que bueno, puse check a la primera cicatriz como mamá. Vendrán muchas, espero menos escandalosas (y no en la cabeza de nuevo porfa!!), pero tengo un hijo sano, feliz, seco para la pelota y 100% niño. Qué más?

Comentarios en Facebook:

Follow

Get every new post delivered to your Inbox

Join other followers: